Otoño SeiS
Son mi madre y mi abuela…, mi madre y su madre…, y ambas…, a los dieciocho años…, y se están viendo en blanco y negro…, les daré el color:
El pelo de mi madre es de un castaño entre bronce y cobre…, el de mi abuela de un rojo caoba.
Los ojos de mi madre son verdes…, los de mi abuela entre amarillos y verdes agua.
La piel de ambas es muy blanca…, la de mi abuela rozaba el nácar.
Sus labios son rojos…, los de mi abuela…, exagerados…

Pongámoslas en el tiempo…
La de mi madre es de 1941.
La de mi abuela es de 1914.
Sí…, estoy hecho a la belleza…, más…, nada de lo que pueda hacer se podría ver jamás de otra manera…, y mucho menos mal…, y por lo que pueden apreciar es algo que va en mis genes.
Comentémoslas…
Hablaba ayer con mi madre por teléfono sobre estas fotografías…, y le hacía alguna broma…, y no…, no le decía que estaba de miedo porque ella lo sabe…, y si disimula…, es sólo por clase… No…, le decía que podíamos situar las diferencias…, y así le hacía notar que la abuela podría hacer sin ensayo alguno la protagonista de Titanic…, y ella…, mi madre…, podría hacer la de Gilda…, si bien con todo tipo de ensayos…, pues ella no supo más que de mi padre… Pues bien…, con esa referencia cinéfila quedan reflejados los peinados y atuendos de cada una…, y en su época…, y hasta sus distintos aires…, esos que parecen respirar cada una de las dos fotografías…
Bromeaba con mi mujer…., y le tendría que ser fácil entender que a mí ya…, y desde ayer…, sólo me apeteciesen las de dieciocho…
Historia Natural…
La fotografía de mi abuela es de pasaporte…, ya iniciada la primera guerra mundial…, sale de España para acompar a su padre al hospital más valorado entonces en Europa…, y que sólo se daba en Berlín… Creo que el viaje le llevó cinco días pues tuvo que cruzar el frente…, y así podía pasar uno o dos días en vía muerta y a la espera de orden militar… Pasó meses en Berlín…, y en ese hospital que…, por cierto…, era propiedad de un judío… Hecho que mi abuela resaltaba sólo por la rareza…, pues en España quedaban pocos…, habían sido expulsados hace siglos… Del tamaño del hospital se pueden hacer una idea por las cuarenta hermanas de la caridad que lo atendían… Y en él tuvo la fortuna de conocer al emperador…, su hijo estaba ingreado allí por herida de guerra… Su padre estaba allí por un cáncer del que no se recuperó y murió al año siguiente… Mi abuela hacía días y noches acompañada de una condesa rusa que la amenizaba con sesiones de piano… Esos meses en Berlín no hicieron que ahondar en su clase…, cosa que creo se desprende ya de esa simple fotografía de pasaporte…
Apéndice.
Puedo hacer hitoria natural de todo…, pues si todo…, todo en mí es además natural… Pero les invito…, a cuarteto…, árabes y judíos…, a entrar y desde ya en curso…, pues espero que les pase lo que a mí…, y les apetezca ya sólo vivir historia… Y se debe ya entender que mis marcos son…, como poco o mínimo…, de eternidad.
De Gonzalo.
De Gonzalo no es más que una forma de abreviar mi nombre: Gonzalo Conde Escuredo.
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- Publicado:
- 13 Noviembre 2009 / 14:18
- Categoría:
- Art, Arte, Autor, Exposición Universal, Gonzalo Conde Escuredo, Invitación, Literatura, Literature, Obras
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